Todos estamos compuestos de los mismos ingredientes, pero combinados en proporciones y formas diferentes. No existen dos personas iguales. Lo idéntico es precisamente nuestra identidad más profunda, la conciencia de ser. Lo demás son las vestiduras e instrumentos de que disponemos en este paso por la tierra. Podemos aprender a usarlos de la mejor manera, y cambiar lo que no funcione bien. Para ello disponemos de técnicas y expertos, ayudas en la aventura de conocerse, desarrollar nuestras capacidades y resolver lo que nos causa sufrimiento.

Nos consideramos enfermos cuando algo no funciona bien y padecemos dolor o incapacidad. Salud sería, por exclusión, la ausencia de enfermedad. Pero existe otra concepción más ambiciosa de salud: la manifestación de la potencialidad que cada uno encierra. Desde esta perspectiva las enfermedades son señales que indican un desequilibrio en el organismo que hay que corregir cambiando un hábito o actitud incorrecta. La persona que se conoce en todas sus facetas utiliza los síntomas como pistas para su propia transformación. La referencia ha de ponerse en sí mismo, no fuera. Madurar es ir tomando conciencia de las propias capacidades y limitaciones, y adquirir las destrezas para manejarnos en el mundo. Un proceso que no tiene fin, pero que ha de alcanzar unos mínimos -la verdadera edad adulta- para afrontar la vida con fortaleza, sensibilidad, conciencia e independencia.

Características del individuo sano
Salud es disfrutar de nuestra potencialidad, desarrollar cada una de nuestras facetas: cuerpo físico, voluntad, emociones, mente, comunicación y la esfera transpersonal.

Cuerpo
Bien cuidado, conciencia corporal despierta, capacidad de sentir el organismo. Aceptación de nuestro físico como es, sin rechazo de ninguna parte del cuerpo.

Despertar la Voluntad
La fuerza para transformar el entorno, la capacidad de sostener nuestras decisiones.

Emociones
El sentimiento que tiñe cada experiencia: un termómetro con el que percibimos como agradable o rechazable lo que nos ocurre. Aprender a aceptar las emociones, sentirlas y expresarlas sin que nos arrastren.

Reino mental
Ordenado, purificado. Eliminar el ruido, el descontrol y la negatividad; colocar el intelecto en su justo lugar como instrumento y no como gobernador. No nos relacionamos con la Realidad, sino con una interpretación de la misma. Los sentidos codifican lo que hay. Después el intelecto interpreta/percibe. Y esa interpretación aún queda más deformada por los prejuicios, el sistema de creencias. Ser consciente de ello es el primer paso -al relativizar nuestro marco de interpretación- para despertar a la conciencia de lo Real. Eliminar la distancia que nos separa de lo que somos al dejar de identificarnos con lo que pensamos.

Comunicación
El humano no es un sistema aislado; vive en relación con su entorno y otros seres. Es preciso sentir que podemos transmitir lo que queremos. Asimismo, precisamos relacionarnos afectivamente y aprender de los otros, y para ello debemos estar abiertos a ampliar el sistema de creencias.

Lo transpersonal
El término transpersonal se refiere al mundo interior que existe más allá de los reinos de la personalidad y el pensamiento. Ignorarlo es dejar de experimentar la inmensa base de este iceberg cuya punta es la realidad mental en que nos movemos habitualmente.

Técnicas para el camibo
Desde que el hombre habita este planeta se ha dedicado a investigar su infinito mundo interior, encontrando las leyes que lo rigen. Por ello todas las culturas nos han legado técnicas para el cambio. Son los catalizadores, cambian el estado, modifican la conciencia, liberan la atención de los mecanismos repetitivos y limitadores que construyen el hábito a transformar. Son estrategias para detener las rutinas de pensamiento y comportamiento y acceder a nuevas experiencias que creíamos vedadas. Y se complementan con el guía, el especialista que dirija con firmeza el proceso, que sepa emplear la técnica más efectiva y dirigir la atención en la dirección correcta.

El guía o terapeuta debe mantener una perspectiva abarcadora, donde el síntoma (la tristeza, confusión, ansiedad o la incapacidad de comunicarse) es una señal que ha de rastrearse hasta encontrar la fuente de desequilibrio. Se le da solución al problema y, además, se recorre el camino que conduce al encuentro consigo mismo; de tal forma que el final del viaje terapéutico sea una persona dueña de sí, el propio guía en lo cotidiano.

Existen infinidad de técnicas. Incluso pueden diseñarse específicas para cada persona. Pero hay algunas básicas que son útiles siempre. El espacio de que disponemos sólo permite citarlas, sin detenernos en desarrollar ejemplos concretos:

Técnicas para recuperar energía, tanto a nivel físico como psíquico.
Técnicas para desarrollar la atención, cómo aprender a dirigirla, concentrarla y abrirla.
Técnicas para la desidentificación, salirse de las emociones, imágenes, creencias que nos limitan o perjudican.
Técnicas para alcanzar el silencio interior y serenidad, detención del pensamiento.
Técnicas de comunicación. La personalidad y sus ataduras limitan nuestro comportamiento y la capacidad de adaptarnos a diferentes situaciones de relación social. El trabajo guiado en grupo permite practicar nuevos roles en un contexto favorable. Aprender las claves para entenderse con el otro, colocados en el lugar más profundo, el Ser desnudo que se reviste con las máscaras –las personalidades-. En cada uno también están la alegría, la desinhibición y el más lúcido comunicador; permítelos brotar.