Crónicas de Las 4 Direcciones

Alicante 2006

Norte

Este

Sur
Oeste

Centro

 


Todos los navegantes del mundo interior llevamos incorporado un dispositivo que se pone en marcha tarde o temprano, antes o después, y nos indica que la fecha de un encuentro se acerca. Hay quienes viven este periodo de espera con intriga, o con nervios, otros con emoción, con ilusión, con ganas, con desasosiego o con dudas, pero también hay quien está tan ocupado o preocupado con su presente, que no le da tiempo a pensar en él. Es éste un periodo de tiempo en el que la mente genera proyecciones, expectativas, intenciones, objetivos o simplemente el corazón se va preparando para recibir los regalos que le ofrezca el propio presente.


El Este


La preparación…

Unos días antes del esperado encuentro los anfitriones y algunos más, se encargaron de preparar el lugar con entrega, cariño y dedicación, realizando tareas de orden, limpieza y voluntad, indicativas del trabajo integrado durante el paso por las tierras del Norte y por la transición hacia este nuevo periodo, la primavera.

El lugar elegido para el encuentro fue una casa humilde en construcción sin fin, en los límites del allí y el aquí, de la ciudad laberinto y de nuestro mundo interior, donde la sorpresa brotaba de cada rincón, vestida de miedo, de cautela, de cabreo, de duda, de ilusión…Un lugar que no dejó indiferente a nadie, tampoco a quién ni si tan siquiera apareció.


La llegada…

Los primeros navegantes llegaron y fueron acogidos con gran amabilidad. Seres venidos de otros lugares del mapa en busca de un fin común, acompañados por sus personajes y preparados para representar una gran función. Hay quien mostró su auténtica condición, a otros les costó arrancar interponiendo alguna máscara que les protegió de mostrar la verdad. ¿miedos, vergüenzas, estrategias…?

Y la llegada esperada del capitán, que fue recibido con silencios de respeto, con abrazos y sonrisas cómplices de la amistad…

Los que allí estábamos disfrutamos de la cena, la primera reunión común que nos sirvió entre otras cosas, de toma de contacto, de comunicación verbal, gesticular, energética y vibracional…

La noche fue de dudas, de intriga, de inquietud…Un nuevo día amaneció y comprobamos, que mientras dormíamos habían llegado más navegantes para sumarse al viaje común. Y siguieron llegando durante toda la mañana. Con el movimiento de algunos seres que en grupo conversaban, desayunaban o se organizaban y preparaban lo que iba a SER, empezamos a respirar aires primaverales.


El arranque…

Y sonó la campana que anunciaba el inicio de esta nueva aventura. Nos reunimos con la intención de una puesta en común, en la que el silencio y el respeto por los comentarios individuales de cada ser nos permitió empezar a sentir en que parte del territorio nos encontrábamos y quien nos acompañaba en aquel momento. Fue una buena oportunidad para observar lo que rechazábamos y con qué nos identificábamos de los comentarios, e incluso de los gestos de este o aquel. Momentos en los que escuchábamos o preparábamos mentalmente nuestro discurso para saber qué decir cuando llegara el momento, perdiéndonos de esa manera el presente.

En todo intento de unión surgen las diferencias e incluso alguna conclusión temprana que nos aleja del intento común. No obstante el espíritu puesto en lo presente y en lo que estaba por acontecer nos impulsó de nuevo a una apertura de atención, recuperando así la flexibilidad y el rigor.

También fue hora de volcar lo vivido durante los tres últimos meses, periodo trascurrido desde el último encuentro. Lugares comunes, pensamientos, emociones, labores realizadas en pos de ayudarnos a vivirlo mejor, herramientas utilizadas y sensaciones interesantes claves para toda la tripulación.

Frecuentemente nos limita nuestra baja capacidad de observación, y de esta manera reducimos la realidad a donde nuestra atención se enfoca. Así que una puesta en común, permitió a más de uno liberarse de tal fijación.

Tras los comentarios de los veteranos, fue turno de presentación para las nuevas incorporaciones. Sus caras mostraban estados de nerviosismo, de entusiasmo y de agitación. La propuesta del capitán fue clara y directa. Poner la intención en lanzarse a hablar aunque no se supiera qué, ni cómo decirlo, para empezar así a coger confianza y poco a poco fluir con la comunicación…

Mas tarde llegó lo que para algunos fue una historia contada por una tripulante del enclave del Sur sobre sus experiencias en otro viaje por las cuatro direcciones del mundo interior, y para otros fue una puerta abierta al lugar en el que el ser queda des-identificado de toda forma material, energética, emocional y mental, clave esencial para subirse a la nave y dejarse llevar…


En marcha…

Llegó el momento de meditar en movimiento y lo hicimos a través de la vibración natural del cuerpo, de la música celestial, de la oscuridad, de la danza libre, de la quietud y de la relajación, lo que nos facilitó abrir la atención. Algunos conectaron con la vibración fácilmente hasta fundirse en ella, hubo quien estuvo viajando por la inquietud o la desesperación al no sentir recorrer su cuerpo la energía vibrante, e incluso quien se despistó y se alejó de cualquier lugar… Más fácil fue viajar a través de la danza libre, que nos ayudó a soltar, a desbloquear, a fluir…, aunque también hubo aquí quien quedó atrapado en las garras de la timidez, del desasosiego o de la vergüenza… Llegó la quietud, y con ella la observación de lo presente… Algunos, agitados, atónitos en su exterior, navegaron en su interior por mundos desconocidos de sorpresa en sorpresa, otros quedaron paralizados tras el contraste movimiento-quietud… Y con la relajación de nuevo el viaje hacia la paz, la armonía y la serenidad, ritmos naturales al compás de nuestro corazón, al compás del soplido de la madre tierra, ritmos que nos cargan de energía vital…

Con el estómago lleno la lectura en voz alta despertó o durmió nuestra atención. Unos oyeron, otros escucharon y el resto desconectó y durmió.

Poco después nos introdujimos en los territorios de la expresión y la comunicación. En este lugar pudimos observar cómo se exponían o se escondían los personajes ficticios que habitan nuestra mente y aparecen en forma de mascara al exterior. Por supuesto, aparecieron las identificaciones con respecto a lo que soy. Aunque el movimiento, la música o un pensamiento nos trasportó con mayor o menor velocidad a nuestro mundo real, la naturaleza. Naturaleza visualizada en forma de montaña, de océano, o desierto, y así se transformó nuestra percepción interior. Fuimos capaces de cerrar los ojos y volar observándonos desde el cielo a vista de pájaro, y fundirnos con la tierra, el agua, el fuego y el aire…para encontrar lo esencial en la semilla que brota y descubre un nuevo mundo que se abre ante nuestros ojos con entusiasmo, con alegría e inocencia. Como el niño que se entrega al presente en cada instante con decisión y confianza y descubre con curiosidad el juego de la vida. Es ese momento en el que desaparece la importancia que le damos habitualmente al pensamiento o a la emoción de turno que nos acompaña, en el que nos entregamos al momento presente, porque llevamos puesta la intención en ello. Se produce un acto reflejo que nos conduce ahí. Y por unos instantes formamos parte de la creación, nos expandimos y disfrutamos de lo más cercano y de los mundos aparentemente lejanos, pero que también habitan en nuestro interior. Y el baile se convirtió en gozo, en ganas de vivir, de compartir, de trasmitir al otro lo esencial, lo básico, sin mentiras, con transparencia. Pero para otros fue momento de entrar en la oscuridad, sintiendo que se les invadía el espacio de la personalidad, sintiendo miedo al comunicarse o expresarse con el otro. ¿Qué nos aleja de la comunicación? ¿Qué nos aleja de expresarnos con naturalidad, con espontaneidad?... ¿El miedo a no estar a la altura de las circunstancias? ¿El miedo a lo que dirán? ¿El miedo a no ser entendidos? ¿La decepción, la inseguridad?
Es ese miedo con el que nos refugiamos en el silencio cuando tenemos algo que decir y éste nos invade e incomoda, o con el que nos refugiamos en el ruido que meten nuestras propias palabras cuando no tenemos nada que decir.

En ciertos momentos fuimos capaces de transformar el silencio en escucha activa, y disfrutar del lenguaje no verbal…sin ruido mental, transformando las palabras en una melodía fluida de comunicación, del dar y recibir sin esperar nada a cambio, con la única intención de compartir, aprehender y experimentar más allá de nuestro bloqueado sistema de comunicación-expresión descubriendo nuevas claves que nos permitieron SER con mayor naturalidad.

Acto seguido, apareció la sorpresa al ver que el otro era mi propio yo, al descubrir que éramos espejos los unos de los otros. Que somos copias como clones en el plano mental y emocional, y que formamos un grupo de teatro cómico-dramático que representa una función sin ser conscientes de ello hasta que nuestro testigo se activa y disfruta como un mero espectador.

La meditación, como estado natural con la atención puesta en el presente, nos permitió observar con mayor claridad cada uno de los lugares por los que fuimos pasando sin identificarnos, tan solo permitiendo, sin juzgar, sin poner nombre a lo que experimentábamos. Abriendo la atención a todo lo que sucedía, entrando en comunión con la naturaleza que nos rodeaba, los huertos de palmeras, los olivos, un cielo claro y raso, el agua, el sol… La presencia masiva de unos seres voladores diminutos fueron la excusa para salir del presente o también la oportunidad para entrar en él… En algunos momentos se hizo el silencio sepulcral y los sentidos abiertos captaron con atención el canto de los pájaros, el sonido de la brisa bajo el sol, la temperatura, el sudor, el entorno rebosante de vida en movimiento, lo que nos aportó energía para todos los que allí pusieron su intención…

En cualquier situación hay algo ficticio o real que es capaz de sacarnos del presente, de no permitirnos vivir el momento como tal, real. Pero hubo, quien fue capaz, no solo de trasformar aquello en una oportunidad de vivir más intensamente el presente, sino que incluso consiguió que otros entraran también en aquel lugar, desde el que observamos, disfrutamos y aprovechamos lo que nos ofreció la situación.

La disculpa, el darse cuenta de la ignorancia, de la incapacidad de valorar, de la desdicha que nos acompaña cuando por encima de todo está la importancia personal, también estuvo presente, así como el agradecimiento, en algunos casos con la resistencia implícita, y en otros libre de contenido, agradecimiento sin más.

El día se hizo noche con la caída del sol. Momento de descanso, en el que empezó a cocerse lo vivido. A algunos les impregnó el cansancio, a otros los ojos se les abrieron cual lechuzas a la espera de algo más… Hay quién todavía llevaba puesto el traje que traía, y a otros ya se les cayó. Algunos intentaban quitárselo, y otros insistían en recuperar su condición, su personaje cansino, la máscara que les protegía del miedo a disfrutar, del miedo a ver los regalos que nos da la vida en cada situación.


Un nuevo día…

El reloj biológico vestido de anfitrión amaneció unos instantes antes de la salida del sol. Nació un nuevo día, era momento en el que la tierra se desperezaba a nuestro alrededor y con ella entramos en movimiento con los párpados caídos, pero con los ojos abiertos a la espera de algo nuevo que aún estaba por suceder. Al llegar a la playa el sol se asomó en el horizonte, y una energía poderosa inundó nuestros corazones. Nuestro cuerpo podía estar dormido, pero nuestro SER no… Los rayos iluminaron suavemente tras la niebla baja, pero no había duda, llegaría el instante en el que la niebla se deshiciera y la presencia todopoderosa del sol nos envolvería, nos regalaría una energía limpiadora que nos impulsaría a sentir que formamos parte del universo. Cuando esto sucedió empezamos a correr en dirección al sol atravesando la arena, hasta llegar al mar, donde su agua fresca sanadora envolvió nuestro cuerpo… En breves instantes fuimos abrazados por el sol, acariciados por la suave brisa y envueltos por el agua… Contrastes de temperatura que activaron intensamente nuestra alegría de estar vivos, con gran la ilusión.

Danzas primitivas nos conectaron con la tierra al compás del movimiento de nuestro corazón, del corazón. El sonido de la respiración llevaba el ritmo de nuestros pasos que dejaban la huella de nuestra presencia y nos conectaban con la tierra que alimenta nuestras raíces… La energía fluía y surgió el calor, el sudor recorrió nuestros cuerpos, no había nada más a nuestro alrededor. El elixir estaba elaborado con la presencia y el equilibrio de los cuatro elementos y la konsciencia. Ya estábamos preparados para disfrutar del juego de la vida y nos lanzamos confiados a descubrir un nuevo mundo que se presentaba ante nosotros, en nuestro interior, a nuestro alrededor. Con los ojos vendados intentamos decirle un si a la vida con el corazón abierto a la aceptación. Pusimos ilusión y toda nuestra intención en trascender las fronteras del miedo o en mostrar que podemos hacerlo bien y también hay quien se quedó con la humilde intención de experimentar y observar la situación aceptando el miedo, el temor, la inquietud o el valor… Ante las dificultades aparece el miedo, o la euforia con el reto de superarlas o simplemente aceptamos lo que está sucediendo, pero siempre, siempre sin condición, hay un testigo, que está activo o no y nos permite formar parte de la tripulación descubrir activamente los lobos y los tesoros de cada estación o tan solo ser pasajeros de un barco sin dirección…


A toda máquina…

Tras algunos juegos que nos llevaron por territorios de la confianza/desconfianza, la alegría se hizo presente en todos nosotros. Abundancia, risas, plenitud, signos evidentes de que hicimos una escapada hacia los territorios del sur.

Para algunos seres fue aquella una mañana mágica… Llegado este momento necesito recordarme, que todas y cada una de las situaciones que tenemos la oportunidad de vivir son mágicas, y que de cada uno de nosotros depende el poner la atención en la intención, e imprimirle intensidad y dejarnos llevar. Y aquel día, todos la pusimos para vivir intensamente el presente. El mayor regalo del este. La intención de entrega a lo que hay en cada momento, sea lo que sea. Y que sea…

Más tarde la respiración konsciente se hizo presente y poco a poco entramos en un estado de vigilia, en el que nos mantuvimos presentes o nos trasportamos a lugares lejanos. El sueño se apoderó de algunos. Quién pudo, se mantuvo presente a la vez que se trasportaba a través de un recorrido guiado que le llevó de la oscuridad a la luz, que le llevó a sentirse semilla brotando a través de un tallo, con la energía renovada. Como si acabáramos de nacer y todo fuera nuevo, todo estuviera por suceder, con una intención clara: ser dueños de nosotros mismos, utilizar como referencia nuestro propio eje, explorar nuestro interior como reflejo de lo exterior, sin abandonarnos a ser marionetas movidas por las circunstancias, mas bien, entregándonos a lo presente. En la semilla como en nosotros mismos, está contenido todo el potencial necesario, está el universo entero, al igual que lo está en nuestro interior.

Con la energía renovada nos dirigimos hacia otro lugar que habitamos en nuestro paso por el este, las tierras del cazador, donde los guerreros amarillos se pusieron sus mejores armaduras (valiosas herramientas de atención y percepción). En este lugar la atención se activa o caes como presa en la trampa de tu enemigo, que puedes llegar a ser tú mismo. Aquí utilizamos la lógica y el instinto conjuntamente o la ignorancia y la tozudez. Tuvimos la oportunidad de darnos cuenta de lo que nos distrae, lo que nos saca fuera del presente y lo que nos ayuda a entrar en él. A algunos les invadió la desgana, la pereza, otros entraron en este territorio con inocencia y otros con la intención de vencer al enemigo, es decir a si mismos… ¡nadie ganó! ¡nadie perdió! De nuevo contrastes, la osadía, el miedo, el movimiento, la quietud, todo a la vez. El lugar era espectador consciente de lo que allí estaba sucediendo. Intentos de pasar desapercibidos, para captar cualquier detalle o signo que diera muestras de evidencia, de reconocer el territorio explorándolo con todos los sentidos abiertos. Con prisa, sin prisa, con pausa, sin pausa.

Y llegó de nuevo el momento de dejarnos llevar por la confianza sin condición. Con los ojos vendados el resto de sentidos se tornaron más sensibles… El sonido de nuestros pasos y de los seres que nos acompañaban, de nuestra propia respiración, la temperatura de nuestro cuerpo al entrar en contacto con el sol y las sombras de los árboles que de vez en cuando nos acariciaban, e incluso intrusos camuflados en forma de pinchos de palmera, nos acercaban o alejaban de nuevo al presente. Inquietud ante la situación, expresada a través de un suspiro, de los rostros o con la queja verbal, en un intento por cambiar el presente o liberarse de los lobos que nos acechaban en él. En el tramo final apareció la tranquilidad a la que nos llevan los caminos sin obstáculos, y aún así más de uno se fue lejos porque la mente caprichosa en un estado de comodidad le llevó allí y no aquí.


La reflexión…

Y llegamos a un lugar muy adecuado para la puesta en común de todo lo vivido, impresiones, sensaciones, reflexiones y demás… Este lugar no es un punto para la desconexión, ni para dar por finalizado el viaje, aunque parece que muchos lo vivimos así. En ciertas ocasiones nos invade una sensación muy común. Esto es de este mundo y esto otro es de aquel. Hoy toca este y mañana aquel. Hasta que poco a poco encontramos alguna clave que nos permite vivir intensamente todas las situaciones sintiendo que forman parte de un todo único. Y ya no hay día a día y encuentro, sino que lo vivido en los encuentros forma parte del día a día y lo vivido en el día a día forma ya también parte de los encuentros… Un todo único…

La alegría, la ilusión y el entusiasmo estuvieron presentes durante el viaje, y también la euforia, la decepción o la tristeza. Pero más allá de todos estos estados, hubo un intento común de observar desde la distancia lo acontecido, (desde el observatorio personal, el testigo activo, el eje, el centro, o nuestro ser). Y en la distancia sonaban alaridos, que nos daban una clave para comprender que hasta el peor de nuestros enemigos, (el que nos puede llegar a causar más dolor), también puede llegar a ser un gran aliado para seguir navegando por el infinito del abismo que se abre ante nosotros cuando vivimos con ENTREGA e INTENSIDAD una situación que aparentemente sobrepasa los límites de nuestro entendimiento…

Xian