Crónicas del Explorador

 

Llegando al Palacio Inviolable. Verano 2005.

Dos crónicas:

- Dara

- Lia

 

 


EL RETIRO
15-20 julio'05


Llegó el momento tan "temido" y tan esperado.

La idea es llegar a Kamael, territorio del corazón, nos cuenta el Capitán. Viene con otros tripulantes, con otros exploradores, necesitamos refuerzos, ellos y nosotros. La misión: encontrar el Palacio Inviolable, allí donde se esconde el Rey desde hace tiempo para no ser encontrado por los dignatarios de Rum y desde el territorio de Gor, su fortaleza, parte nuestra expedición, dejando atrás lo desagradable y llegar vacíos ante el Rey.

Antes de comenzar la marcha tuvimos una jornada previa de encuentros con los tripulantes que venían de otros lugares y fue un encuentro de poder, de reconocernos solo con mirarnos a los ojos, de VER, de entender y comprender que todos teníamos el mismo cometido y que estábamos unidos por un mismo corazón.

El momento del reconocimiento fue muy intenso para mi, andaba yo en mi preocupación por buscar las palabras exactas, las palabras que me hicieran un sitio entre ellos, los que venían de lejos… y no me daba cuenta que así no era la forma… Cuando el guerrero Sunie me miró a los ojos y me dijo que me reconocía sin que hubiese mediado palabra alguna volví a caer en la cuenta …las palabras las traigo de la ciudad laberinto, no me sirven, mi Ser se comunica desde y con el corazón y yo me empeñaba una y otra vez en no darme cuenta. En aquel momento se rompió el caparazón para el resto de los días.

Reconocernos así fue clave, ya que nos daba confianza en que podríamos llevar a buen término nuestra misión y encontrar el tan ansiado Palacio.

Desde luego que aparecieron realidades irreales creadas por defecto de haber vivido tanto o siempre en la ciudad laberinto; de suerte que ahora, sobre todo cuando estamos juntas, ya sabemos desterrarlas en el momento preciso.

Empezamos la marcha, salimos a pie y, según el mapa, para llegar a los Prados del Rey debíamos atravesar la sierra, frontera entre el territorio Rum y Kamael, donde suponíamos encontraríamos al Rey.

El Capitán envió a un grupo de tripulantes de avanzadilla para reconocer el territorio y si verdaderamente era el lugar donde creíamos podía estar el Rey, pedir su permiso para entrar en la comarca.

La travesía, la subida, fue muy dura para mi, de nuevo mis fantasmas, aunque reconozco que cada vez con menos fuerza: no voy a poder…, estoy enlenteciendo a los demás…, soy un lastre para el grupo…, soy una cabezona…, ¡qué y a quién quiero demostrar!..., ¡qué egoísta!... e infinidad de pensamientos por el estilo. Tentaciones para dejar el camino no me faltaron desde luego… pero poco a poco iba reconociendo el poder que da mantener la intención. En el camino encontré ángeles que aliviaron mi subida ¡gracias!

El último tramo fue el más escarpado, el Rey no estaba en un lugar muy accesible, obviamente debía protegerse de los dignatarios de Rum, sin embargo a cada paso lentamente escalado me iba quedando VACÍA y me iba despojando de todo lo que no quería presentar ante el Rey. La vista era poderosa, allí abajo una inmensidad se abría ante mis ojos, una inmensidad que me ayudaba a desnudarme. Allí, en el horizonte la Montaña de Kristal emergiendo con su fuerza y su poder. Y allí estaba yo, como aquella montaña emergiendo desnuda para presentarme sin nada, solo con lo que soy ante el Rey.

Me reuní con mis compañeros, que me esperaban un poco más arriba para presentarnos juntos ante las puertas del Palacio Inviolable.

No olvidé pedirle a la montaña durante la subida y pensé que lo que más necesitaba era pasión, pasión en todos los ámbitos de la vida. Sentía que mi vida estaba apagada, triste, que estaba cruzando por el lado ingrato y no tenía fuerzas para traspasarlo sin más, me quedaba atrapada.

En un momento dado reconocimos al guardián, al guardián de los inmensos jardines, de los prados. Ante él una parada respetuosa y tras ella la señal de poder continuar.

El Capitán no salía de su asombro, todo encajaba a la perfección con la ruta por él imaginada, constataba que todo ocupaba su sitio.

Traspasado el guardián llegamos a la puerta que se nos abrió sin dificultad. Nos embargaba la emoción que brotaba del inmenso agradecimiento al lugar, la emoción de ser recibidos a corazón abierto, la emoción de regresar a casa.

Recorrimos el lugar, el sitio… El Refugio, las fuentes, los prados, el anciano árbol que nos dió cobijo durante largos ratos… un lugar protegido, pero como nos hizo ver el Capitán, abierto a los cuatro viento. No se trataba de cerrar muros contra Rum, no se trataba de hacerles frente con la lucha; la puerta estaba abierta, así la sombra podría aparecer en cualquier momento (como de hecho la hizo) y allí estábamos en disposición de abarcarlas, de abarcar las luces y las sombras, porque nosotros, habiendo encontrado al rey podíamos con ello, lo aceptábamos y así debía ser. El equilibrio está entre luces y sombras.

Y allí vivimos durante un tiempo sin definir, breve o eterno porque no existe noción de él cuando lo único que haces es vivir el presente que se llena de lo que hay sin que necesites nada más (porque es tanto…).

Sorprendida estaba yo de lo fácil que me estaba siendo vivir, desde el primer momento, desde que atravesé aquella puerta solté, me solté de todo lo que no era verdad y desde ese instante me volví a encontrar con Dara, con el corazón y sólo atendí a sus razones sin dejarme enredar como otras muchas veces por la cabeza que lo único que hace es desperdiciar el presente. Dejé mis luchas internas (esto sí, esto no, cómo se te ocurre, te estás pasando…), todos esos reproches que todos conocemos se desvanecieron y me sentí ligera, abierta, me sentí limpia, vacía, sin necesidad de defenderme ni de mi ni de nadie. Escuché mi corazón, reconocí su ética y con esa confianza me dejé llevar por la Vida… libre, descansada, en paz… Me encontré con los seres desde el espejo de los ojos, las miradas que todo lo ven porque nada se esconde, las miradas que traspasan lo que no es y rápidamente se encuentran con el SER.

Y de pronto esa apertura de corazón, que ya conozco por tener la suerte de haberla disfrutado ya en otros momentos, y de pronto esa entrega en la que de nuevo me veo capaz de tanto… la vida que me abraza, me acaricia, me besa… en todos los instantes.

Siempre éramos círculo pero en ciertos momentos el círculo tenía un poder especial en el que se abría la conciencia, si cabe, mucho más. En ocasiones era la utilización de la voz lo que nos ayudaba a abrirnos, a ver más allá, a ver la otra realidad… y entonábamos cantos ancestrales que no sabíamos que sabíamos y nos fundíamos con la naturaleza y nos conectábamos con el SER y por tanto con la totalidad.

La tripulación del sur recibimos un regalo especial, un símbolo de poder que nos conectara directamente con lo acontecido y vivido durante la ruta de las cuatro direcciones. En aquel momento se hizo presente lo que cada una puso delante: el poder, la fuerza, la paz, el darse, la libertad, la guerrera, el silencio emocionado, lo sutil, lo femenino, el corazón, la unidad… Hubo seres que sintieron el estremecimiento de la naturaleza e hicieron de canal para que recibiéramos sus dádivas, su sabiduría ancestral.

Pero no todo fueron vientos favorables, como Atalaya, el recinto del Palacio Inviolable también podía recibir los vientos del Oeste y entraron las sombras. No podía ser de otra manera para poder completar. Quizás en cualquier otra ocasión el alacrán nos hubiese picado, pero no fue así en esta, tal era la vacuidad del poderoso anillo que formábamos los seres que nos reuníamos en el círculo sagrado. En aquella ocasión la conciencia se expandió a límites insospechados potenciados por la ceremonia sagrada que se llevaba preparando durante todo el día. El círculo, ya preparado para el ritual y cuidadoso de cada detalle se tornó de un gran poder y así, siendo un solo corazón latiente vimos pasar al felicidad de unos, la paz de otros, la ansiada libertad de otros, el reencuentro con su SER de alguna y el miedo apabullante de estas; lo genial es que todo apareció en el círculo porque así estaba previsto, porque pese a los intentos nada se pudo quedar fuera y es por ello que todo se pudo abarcar y alquimizar convertidos en corazones de los que solo brotaba amor.

Aquello que pedía a la montaña en la subida me fue dado.

En aquellos días apareció la niña que llevo dentro, la que siento secuestrada en la Ciudad Laberinto. Apareció la facilidad de vivir, la alegría, la pasión, la paz, la sensación de ser yo en cada momento, no algo que aparentar y descubrír que yo era linda y descubrir que yo era libre. Es como cuando una está en casa, en su amorosa casa en donde no tiene nada que defender porque los seres que allí hay, incluida yo, me aceptan y me abarcan tal cual soy.

Y ahora me brota el agradecimiento sincero, de corazón a la naturaleza que nos dio cobijo y a todos esos seres que ya siento parte de mi: Ton, Sofía, Isar, Iria, Su, Ser, Sunie, Víctor, Miguel, Gus, Dea, Paté, Nur, Enrique (indígena alfa), Marisa, Yhama, Asun, Sole, Enrique (indígena omega), Silem y cualquier otro elfo o hada que hubiese por allí.

La bajada, la salida de la comarca del corazón se tornó dura, a cada paso que me distanciaba de aquel lugar sentía perder un trocito de mí y sentía salvajemente en mis carnes que volvía a la cárcel. Y aunque sé que el lugar que he encontrado allá arriba, en la Sierra Sagrada, está siempre dentro de mí, aún me queda un largo camino por recorrer en el que aprenda a permanecer en casa, con la conciencia expandida y el corazón abierto en todo momento a pesar de vivir en la Ciudad Laberinto. La ciudad laberinto está necesitada de seres que se inmiscuyan en ella desde la conciencia ¡que no nos detecten, compañer@s de viaje!

Recibid un cálido abrazo de Dara.


 

ENCUENTRO-RETIRO EN BAZA, (JULIO 2005). PALACIO INVIOLABLE.

Con la previa fusión del grupo se consiguió pasar el Arrecife infranqueable, y el barco recalo en el Portal de la Libertad, para recoger tripulación y dirigirse juntos al sureste.
Somos 21 tripulantes en total…

"De lo pequeño, lo grande,
de lo simple, lo sublime,
así consigue el hombre,
iluminar. Ser."

"Esta es la historia infinita de un presente.
Nada de lo que aquí se narra y es real,
ocurrió.
No confíes en los cuentos… que hablan de la vida.
Ten fe, no creas nada…
Si te recuerda a algo, lejanamente,
será a uno de esos sueños que desechas al abrir los párpados.
Bien sabes, amigo, que la magia no existe.
Sin embargo,
aunque no tenga caso creer en nada,
ten fe , amigo,
en la magia de lo real."

Tantas señales indicaron el camino que ya era imposible cambiar de rumbo.
Como si nosotros no condujéramos las carreteras de la vida, y algo, más allá, mucho más grande, nos empujara incesantemente por las rutas desconocidas del recuerdo.
OH!...Estamos empezando a recordar, la clave es algo muy primitivo, muy esencial, subido a lomos de nuestros corazones palpitando sin cesar. Tan al unísono, que era, es, para siempre, nuestro corazón mismo.

Así, sin cesar, cesaron dolores. Antiguas heridas cansadas de ser viejas, quedaron atrás para siempre. La cueva las sacó…como si entrásemos en el útero de nuestra madre, después de haber navegado sin rumbo largo tiempo.

Era bonito volver, reencontrarse con la matriz…Ese eje esencial y constante que nunca nos había abandonado.
Las máscaras cayeron, para dejar paso a los rostros, inundados de emociones encontradas. Emoción en estado puro, aflorando a nuestro verdadero rostro.

Y ahora, mirándolo desde aquí, lo veo tan tangible, tan posible :

"Da igual quien seas: te amo. Te amo más allá de la dulzura de tus palabras, más allá del apego, más allá del deseo te amo.
Navegando perdido por tanto tiempo, aparece ahora ante mis ojos, tu amor, mi amor por ti… nuestro amor como desde siempre, como de otras veces.
No puedo recordar de donde, ni me importa,…no puedo tampoco recordar quien eres, porque vuelvo a decirte que da igual quien seas. Te amo más allá de ti y de mi."

Tan simple, tan directo al corazón.
Y así empieza nuestra historia. Porque esta, es la historia de un viaje, un viaje infinito que no entiende de tiempo ni de espacio. Que es eterno como nuestro ser, navegando en pos del viento, cayéndose incesante al fondo de nosotros mismos.

Una casa en lo alto de una colina, 17 torres, el rey en busca del rey, la soberana al reencuentro de la reina. Esa que se sienta en el trono de nuestro interior y lleva la corona rendida al intento de la vida.
Que estés donde estés, no haya condiciones ni excusas ante el bienestar. Que el estar bien, esté allí donde está tu cuerpo, donde está tu espíritu.
Después de atravesar arrecifes infranqueables, terrenos sencillos o paisajes cálidos, arribamos al Palacio Inviolable, donde lindan los terrenos de Gor. La tripulación se compone de 21.
Todo cartografiado de antemano, apareció real como un guiñó más del espíritu. Nos miraba desde arriba y sonreía. Allí estaban el Guardián, El abuelo, Un refugio al que enseguida llamamos "Casa del corazón",…
Desde el principio, todo confabulaba para sacar lo mejor de nosotros mismos, era como si nuestro mejor "yo", ese que es "nadador por nuestro fondo, preciosísimo" *, resurgiera echando a un lado todas esas burdas copias, deformadas calaveras de ese que es esencial y único.
Ni positivo, ni negativo, algo neutro que se sentaba en el trono de la verdad.

Si os digo la verdad, ocurre nada. Solo se trata de descubrir el abandono. Qué difícil no hacer nada, que difícil rendirse.
Tan absurdo que era simple, tan costoso que era fácil.
Caerse, recorrer con vértigo el fondo de nosotros mismos, y tanto, tanto corazón que no cabe en esta casa.
Da gusto veros, sois como un murmullo de fondo, tierno, cálido, en animada conversación, sosteniendo el intento a cada paso, aunando intenciones en una. Silencio interior desde lo sencillo, lo cotidiano, eso si que es pura magia, eso es lo que compone nuestro mundo mágico.

El corazón tiene caminos sospechosos, pensábamos que el camino del corazón estaba lleno de luces y resulto que no. Pensábamos…pensábamos tanto que nos perdíamos lo que pasa, y andando, andando, como decía nuestra capitana, nos fuimos encontrando con que el camino del corazón está lleno de todo, está, sin más, lleno hasta el borde. Rebosa de vacío para que todo quepa, de abandono. Y es real, tan real que duele, pero solo un poquito. Después viene la maravilla.
La realidad entra por el pecho y sale por los ojos, los ojos brillan, se apagan, vierten agua, se cierran ante la oscuridad…

Yo creo de corazón que hemos arribado en casa y que más allá de toda expectativa nos hemos encontrado con el gozo en forma ajena.
Ahí estáis, en la sala, y mientras la Capitana cuenta algo, vuestras carcajadas llegan más allá de Gor, incluso más allá de la Cuidad Laberinto, esa que parece ahora tan lejana.

Vaciando, vaciando, dejamos espacio para la consumación de la luz y la sombra, la danza eterna se manifestó. Siete días, siete horas paseando por la montaña y habitando el centro, el sur siendo el norte se unió al norte siendo el sur. Como el yin no sería nada sin su fragmento de yang, así tampoco el yang estaría completo sin su puntito negro. El punto de inflexión que necesitábamos.

Kamael ocurrió, aunque alguno de vosotros piense que no. El destino del barco está más allá de su deseo o de su pensamiento. Cuando te montas en un barco y estás en alta mar, puedes luchar contra ti mismo, con la tripulación por volver a tierra. Puedes negarlo, puedes no querer pescar, incluso puedes ahogarte, pero ¿Cómo puedes negar que estás en medio del agua? ¿Cómo vas a convencerte a ti mismo que tu "decisión" es más fuerte que la de todo el barco? ¿Qué tu visión más real? Dime cómo porque yo no lo se, solo se que el viento nos traía mensajes y que allí en alta mar escuchando el compás de las olas, los latidos del viento y las brújulas de nuestro adentro, no teníamos más remedio que dejar que la vida nos llevara, siendo el intento como el instinto de supervivencia, algo sutil, que parece que no está y en realidad, sin eso no habría nada.

Cuando hayamos aceptado que podemos escuchar las señales pero que no podemos ir en contra de ellas, habremos reconocido ante nosotros que más allá del yo, navegamos en un barco que iza las velas con más premura si aunamos intenciones. Un barco como metáfora de la vida.

Y San Pedro, San pedro benditoo… san pedro, san pedro…las puertas del cielo…El guardián de nuestro cielo fue sutil, partiendo de la duda sucedió la certeza, nos perdimos para poder encontrarnos.
Nuestro capitán; maestro de ceremonias, un triangulo de fuego en el cielo, marca de la transformación. Caía la tarde y aparecía pronta la noche, la luna. Naranja al oeste, plata amaneciendo, Gaia a nuestros pies temblaba vibrando, ¿podéis sentirla? Y san pedro bendito actuando en lo no manifiesto, sacando a la luz la rabia, el miedo, la decepción…el deseo de saberse fuera, el deseo de llegar más lejos.

Tripulantes de un mismo destino, cada uno célula de un organismo que representaba la sensación grupal. Cada emoción o sensación escogió a uno de nosotros para existir y bastaba que uno sintiera algo para que eso perteneciera a todos nosotros.
Siendo de uno era de todos y lo que había de todos era uno.

La eclosión final nos disolvió en una fuerza que no era de aquí, o que quizás por ser tan de aquí, nos era ajena. Recogiendo lo sembrado estos días, se hizo palpable la verdad. Nuestro cartógrafo habló, y dejo tan claro el baile de máscaras en el que estamos inmersos allá en la ciudad laberinto sobre todo, y que nos llevamos puesto como una armadura encima, allá donde vamos, que no pudimos menos que reconocer ante nosotros mismos al menos, lo necios que somos. Y eso…era un alivio.

La travesía tocaba su fin, y sin saberlo, todo comenzaba. Era el inicio de una gran ruta que no hacia más que empezar, después de aquello vinieron nuevos tiempos, pero todo eso,…será contado en el futuro del tiempo mundo.

Recordad también que este viaje, si os quedáis, os pertenece. De todos depende el rumbo.